Los conflictos forman parte de nuestra vida cotidiana, en nuestra convivencia, como seres humanos y sociales que somos. Es por ello que la mediación surge en todos aquellos contextos en los que las relaciones humanas confluyen.
Uno de los núcleos fundamentales es La Familia, que lejos del anhelo de conformarse como equilibrada, observamos que en la realidad aparecen numerosos conflictos tras una ruptura, separación o divorcio. Es por ello que para enfrentar estas cuestiones contamos con la Mediación Familiar.
La MF es un proceso extrajudicial para la gestión de conflictos no violentos que surgen entre los miembros de una familia o grupo convivencial, mediante la intervención de profesionales especializados que, sin capacidad de decisión sobre el citado conflicto, les asistan facilitando la comunicación, el diálogo y la negociación entre ellos, al objeto de promover la toma de decisiones consensuadas en torno a dicho conflicto.
La finalidad del proceso de mediación familiar es, con carácter general, lograr que las partes en conflicto alcancen acuerdos equitativos, justos, estables y duraderos, contribuyendo a evitar, en su caso, la apertura de procedimientos judiciales o contribuir a la resolución de los ya iniciados.
El modelo sistémico considera la familia como un sistema con identidad propia y un proceso de desarrollo evolutivo dinámico interno (entre los propios miembros de la familia) y externo (de la familia con el entorno).
Los procesos de interacción de la familia permiten una serie de intercambios de influencia bidireccional entre sus miembros. El reconocimiento de estos procesos es el objetivo prioritario del modelo sistémico de intervención familiar, con el fin de reestructurar las relaciones disfuncionales que pudieran haberse creado.
A la hora de intervenir con familias que presentan grandes desequilibrios en su funcionamiento se debe tener en cuenta el hecho de que el sistema (familia) se adapta a lo que entiende por normalidad. Un ejemplo de ello sería encontrarnos con familias donde impera la falta de normas y relaciones violentas entre sus miembros, y a pesar del sufrimiento que conlleva esta forma de relacionarse entre sí, mantienen esa dinámica interna durante años.
Conflictos objeto de mediación familiar:
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Los procedimientos de nulidad matrimonial, separación y divorcio.
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Las cuestiones relativas al derecho de alimentos y cuidado de personas en situación de dependencia.
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Las relaciones de las personas menores de edad con sus parientes hasta el tercer grado de consanguinidad o afinidad, personas tutoras o guardadoras.
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El ejercicio de la patria potestad, tutela o curatela.
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Los conflictos derivados del régimen de visitas y comunicación de los nietos y nietas con sus abuelos y abuelas.
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Los conflictos surgidos entre la familia adoptante, el hijo o hija adoptado y la familia biológica en la búsqueda de orígenes de la persona adoptada.
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Los conflictos surgidos entre la familia acogedora, la persona acogida y la familia biológica.
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La disolución de parejas de hecho
Conflictos objeto de mediación familiar:
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La mediación familiar se identifica por tener un carácter voluntario. Es decir, todas las partes involucradas deben acudir de manera libre
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Las partes involucradas tienen un papel protagonista en el proceso y son las encargadas de llegar a una solución.
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Durante el procedimiento se tienen en cuenta las emociones implicadas. Pero la persona mediadora no intervendrá en ese ámbito, siendo derivados a otra persona especialista si fuera necesario.
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Todas las partes ganan. Ya que la solución es pactada por las partes, y por lo tanto, beneficiosa.
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Este proceso es confidencial. Por lo que las personas deben comprometerse a mantener la privacidad del contenido tratado en las sesiones.